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La historia de Luis Arturo y de miles de niños que luchan por su educación

04-Luis Arturo

La historia de Luis Arturo y sus hermanos es real y completamente actual.
 De hecho, en este mismo momento continúa sucediendo a miles de niños, con otros nombres, en otros lugares.

Luis Arturo pertenecía a un hogar desintegrado, vivía junto a su madre y hermanos en un cuarto de madera ubicado en una hondonada del sector 5 de la colonia Villanueva, en Tegucigalpa.

En época de lluvia sufrían porque se les llenaba de agua y lodo el cuarto. La madre salía a trabajar desde muy temprano y los niños (tres varones y dos niñas) se quedaban solos al cuidado de una vecina.

A raíz de estos hechos los tres varones se vieron abocados a salir a la calle a pedir. Así fue como los encontraron y entraron en un Programa de Integración Social.

La madre no se ocupó jamás de darles seguimiento después de matriculados en la escuela y lógicamente la abandonaron poco tiempo después, por lo tanto, el riesgo de los niños era bastante grande al permanecer solos todo el día sin alguien que les brindara alguna atención y expuestos a cualquier situación de abuso o exposición a drogas, violencia etc.

No pudieron entrar en la escuela y comenzaron entonces a asistir a la granja agrícola La Montañita. Se trata de un centro de capacitación agropecuaria y de terapia donde se atiende a la población con algún nivel de riesgo y/o problemática de calle o quienes no tienen acceso a un programa de educación formal. En este centro recibieron tratamiento psicológico, educación y conocimiento sobre diferentes cultivos, cuidado de aves y conejos.

Ellos continuaron asistiendo a clases hasta 2004 que fueron ingresados de nuevo en la escuela, después de establecer un compromiso con la madre de atención y responsabilidad.

En el momento actual y hasta la fecha los críos muestran interés en continuar este proceso; sin embargo para mantenerlos motivados y muy de cerca en su seguimiento, Luis Arturo y sus hermanos continúan recibiendo atención en el Centro de Transición, donde reciben reforzamiento escolar, un almuerzo, terapia de grupo, desarrollo y fortalecimiento de habilidades y seguimiento a la familia. Además, se les proporciona todos los materiales necesarios para su proceso educativo, así como los uniformes y zapatos. También se procura donar alimentos básicos en algunas ocasiones.

El pasado año se trasladaron todos a una nueva colonia, donde construyeron un cuarto de madera un poco más grande, cerca de una escuela pública. Así viven en la actualidad.

Casos como el de Luis ocupan nuestra atención a diario, pues las condiciones difíciles que viven las familias en los barrios empuja a miles de niños a salir a la calle buscando sobrevivir. Es una historia que se repite en otros tantos niños, cientos y miles de veces, en todos los rincones del planeta.

Un desarrollo humano pleno a veces depende de nuestras decisiones individuales.

Nuestra opciones personales pueden salvarles de un destino que los aboca y condena. En ITER tratamos de acoger cada mano tendida para recuperar una vida con esperanza. ¿Nos ayudas?

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