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Programa hortícola solidario en Honduras

Proyecto hortícola solidario en Honduras-2

Niños y jóvenes huérfanos de la asociación NPH aprenden a cultivar hortalizas para su propio abastecimiento gracias al programa hortícola llevado a cabo por ITER.

El pasado año, ITER colaboró con NPH Honduras con el fin de iniciar un ambicioso proyecto agropecuario. Allí enseñaron a niños y jóvenes a producir hortalizas en el invernadero, así como a realizar todo el proceso: desde la siembra hasta la cosecha.

Proyectos destinados a la infancia

ITER es una organización no gubernamental murciana creada por un grupo de personas que en su mayoría trabajan en empresas que producen y comercializan equipos de riego y tecnología agrícola. Desarrolla proyectos agrícolas en el Tercer Mundo dirigidos a la formación de niños abandonados y a su integración en el mundo laboral agrícola. El objetivo son los niños porque, según comentan sus responsables, “Ellos son el futuro, y si ellos aprenden a generar su propio alimento, luego podrán estar mejor preparados para aprender a leer, escribir y pensar”.

ITER desarrolla su principal actividad solidaria en América Latina, financiando e instalando invernaderos con sistemas de riego por goteo y enseñando a cultivar hortalizas. Tras su primer proyecto en Tegucigalpa (Honduras), ITER inició la búsqueda de otras organizaciones situadas en la zona, relacionadas con los niños y que estuvieran interesadas en un proyecto agrícola. Una de ellas, Nuestros Pequeños Hermanos (NPH).

Aprender a cultivar hortalizas

En 2005 ITER instaló un invernadero de 500 m2 en el Rancho Santa Fe de NPH en Honduras. Aproximadamente 600 niños y niñas residen en esta pequeña aldea. La misión consistió en poner en plena producción el invernadero donado por ITER y aprovechar la infraestructura para formar y capacitar a los niños y jóvenes del orfanato en el manejo del invernadero y en el cultivo de hortalizas. En julio de 2006 la familia Briones-Fernández llegó a Honduras con la idea de ayudar durante los tres meses del verano, pero el entusiasmo de los niños y la superación con creces de las expectativas iniciales hicieron que, con el apoyo de ITER, se quedaran dos meses más.

Eduardo y Pilar comenzaron con un grupo de 50 niños, pensando que al final muchos abandonarían, pero la realidad fue que se sumaron diez niños más. Ante el éxito, se tuvo que crear un huerto escolar aparte, de unos 1.000 m2, para que los 150 niños y niñas de primaria aprendieran a cultivar hortalizas. En el invernadero cada niño tiene su surco, aunque algunos tienen dos o tres debido a su entusiasmo y dedicación, y eso que la actividad se hacía fuera del horario escolar. La experiencia demostró que estos niños tienen una predisposición especial para la horticultura y que les encanta trabajar la tierra, regar y ver cómo crecen sus frutos.

Además de ser un elemento útil para realizar clases prácticas, el invernadero donado sirve también para la alimentación propia de los niños del orfanato. De hecho, en cinco meses se consiguió cosechar 1.500 kg de hortalizas, sólo dentro del invernadero. Los niños aprendieron a plantar pepinos, judías, tomates, chiles, berenjenas, calabacines, melones, acelgas, lechugas, rábanos y sandías. La mayoría de estos frutos crecen muy rápidamente, como el pepino que, en sólo mes y medio, ya había proporcionado una abundante cosecha.

Los ayudantes del proyecto ITER fueron cuatro jóvenes del orgfanato (Mauricio, Herson, Gustavo y Roney) que, tras la experiencia, han decidido estudiar el bachillerato agropecuario con vistas a ingresar en la universidad para cursar estudios de agronomía.

Existe una garantía de que el proyecto de horticultura desarrollado a través de ITER puede tener continuidad, ya que lo importante no es haber creado el huerto, sino haberles brindado el “saber hacer” para que perdure en el tiempo y los conocimientos se transmitan de unos a otros.

No hay mejor inversión para la lucha contra la pobreza y sus causas que la inversión en educación y formación.

De Honduras, esta familia se ha llevado una experiencia tramendament enriquecedora, además del contacto con varios ahijados que han apadrinado en Honduras. Por todos estos motivos, Eduardo y Pilar han decidido seguir con sus proyectos humanitarios.

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