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La experiencia agrícola de Paco que llenó de esperanza a los niños de Honduras

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Paco Mullor y Novedades Agrícolas han aplicado la tecnología agrícola para dar esperanza a un grupo de niños en Honduras.

¿Cuál fue tu misión al desplazarte a Honduras con ITER?

La acción consistió en la construcción de un invernadero y todo el equipamiento de riego necesario para desarrollar un programa de cultivo hortícola. Sin embargo, aquí no acababa mi tarea sino que empezaba puesto que nos aseguramos de su buen mantenimiento post-instalación enseñando a los propios niños a que se responsabilizaran de su correcto mantenimiento.

Cuéntanos la experiencia cotidiana durante los días que estuviste en Tegucigalpa

Mi estancia duró 12 días, del 3 al 16 del mes de marzo, aunque Honduras goza de un clima tropical, como una perenne primavera. Yo ya iba concienciado con la situación económica y social del país, pero la realidad es mucho más dolorosa, mucho más de lo que nos podemos imaginar. La pobreza no se puede esconder y es tan evidente que azota como un zarpazo del que sólo escapan algunos privilegiados. Afortunadamente en mi caso, yo tengo mucha capacidad de adaptación. También me fui sintiendo más útil, a lo largo de la semana, en la medida en que te vas dando cuenta que tu aportación es siempre positiva, por escasa que sea. Como está todo por hacer… cualquier iniciativa es fructífera siempre.

¿Con qué medios y recursos contaste para levantar el invernadero?

Lamentablemente los medios faltan siempre, todos son pocos. ITER envió el material necesario para levantar un invernadero. Contaba con la ayuda de cuatro personas más, que pertenecían a la Asociación Compartir, nuestra contraparte. Trabajamos todos de sol a sol, allí amanece a las cinco de la madrugada y anochece a las cinco de la tarde. Como nos faltó material tuvimos que salir a comprar tornillos, manguera, polietileno, válvulas y por último las tomateras. Afortunadamente contábamos con la ventaja de que la bomba sumergida para extracción y suministro de agua ya estaba lista desde el año pasado.

¿En qué condiciones se desarrollaba el trabajo diario?

Bueno, nos situamos en las afueras de Tegucigalpa, en la finca La Granja. La Asociación “Compartir” en ese cortijo, alimenta a gallinas, pollos y otros animales de ganadería para comerciar con ellos y sacar el máximo provecho al lugar. El propósito es conseguir rentabilizar esa mercancía para comprar alimentos para los niños. Por otra parte nosotros pretendemos también generar riqueza con la producción de tomates en el invernadero que llega a medir 8x50m. Los chavales tienen todavía edades muy tempranas, entre cinco y siete años.

¿Cómo os recibió Compartir y que tipo de colaboración se ha establecido con ITER?

Pues muy satisfactoria desde el principio. De hecho, te puedo decir que, desde el primer momento a mí me acogieron muy contentos y con plena disponibilidad durante mi estancia. Todos trabajamos al servicio del mismo proyecto. En definitiva todos estábamos de acuerdo en la idea de generar vida que cree más y más vida a través de la agricultura.

¿Cómo han participado los niños en este proyecto?

Los críos son los verdaderos protagonistas de esta historia. Ellos siempre lo celebran todo: están deseosos de aprender, por conocer, por obtener respuesta a su curiosidad. Es muy fácil motivarlos, hacerlos felices, que estén bien. Son niños que proceden de familias sin recursos, en realidad son las víctimas más indefensas de las circunstancias en las que se desenvuelven diariamente. Se sorprenden de tener un espacio para ellos, de que se les respete, de que se les escuche, de que se cuide lo que es de todos. En este sentido, la labor de “Compartir” es muy buena. No les hace falta tanto para disfrutar, pero ni siquiera tienen ese mínimo para gozar de su derecho a vivir como niños. Me produce mucha angustia, rabia e impotencia ser consciente de la cantidad de niños que como ellos carecen hasta del cariño de su entorno, pero también me anima saber que nuestra intervención puede servir.

¿Qué mensaje transmitirías a todos los que viven en esta parte del mundo después de esta experiencia?

Les diría tantas cosas… que no sé por dónde empezar. Les contaría que existe otra parte del mundo al que le damos la espalda. Les diría que Honduras padece una de las contradicciones de nuestro siglo: siendo un país con grandes recursos naturales y posibilidades de desarrollo la gran mayoría de su población vive en un estado de miseria extrema. Les diría que nadie puede quedar libre de responsabilidades ante tanta necesidad, mucho menos desde esta cara de la sociedad de la abundancia y por último… que esos niños son como sus hijos, niños igual… podría seguir con una ristra interminable de preguntas que ni yo mismo tengo respuesta.

Entrevista realizada a Paco Mullor. 
Empleado de Novedades Agrícolas que participó en el Proyecto de Ayuda al Desarrollo realizado por ITER en Honduras

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